A través del relato de Mateo 14, descubrimos que el problema nunca ha sido la falta de recursos, sino la falta de confianza en el Padre. Cuando conocemos verdaderamente a Dios, dejamos de vivir afanados y comenzamos a ver nuestras finanzas como una oportunidad para amar y servir. La generosidad es una evidencia de una fe que ha aprendido a descansar en la provisión de Dios.